Conspiraciones contra la humanidad. La agenda de los amos del mundo

Una carátula negra con letras blancas, un tablero de ajedrez y una mano abierta con el ojo masónico inscrito en el triángulo, es la puerta de acceso a los diversos flecos de un plan siniestro que los diseñadores de la sociedad nos han preparado. El título del libro, “Conspiraciones contra la humanidad”, y su subtítulo, “La agenda de los amos del mundo”, deja al descubierto varias tramas que afectan a la sociedad en varios ámbitos, sin que esta sospeche que desde ciertas cúpulas de poder se está atentando contra su economía, su ocio, su educación, su convivencia, su salud y su futuro.

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Llevamos varios años sobre la pista de algunos de los puntos expuestos en el libro. Estas páginas son el resultado de esta búsqueda de respuestas ante cosas que no encajan, mentiras diseñadas, manipulaciones, tramas y complots. Y aquí entramos de lleno en el mundo de la conpiranoia, es decir, de los que desconfían de casi todo y afirman que casi nada es lo que parece. Estos expertos en ver más allá de lo aparente, son catalogados como conspiranoicos, vocablo que puede utilizarse de manera despectiva, y lo contrario. Pero antes de seguir, nos gustaría dedicar unas palabras a lo que se ha dado en llamar “teoría de la conspiración”. Algunas fuentes la definen como la “tentativa de explicar un acontecimiento o una cadena de acontecimientos, sucedidos o todavía por suceder, ya sea percibidos o reales, comúnmente de importancia política, socialeconómica o histórica, por medio de la existencia de un grupo secreto muy poderoso, extenso, de larga duración y, generalmente, malintencionado. La hipótesis general de las teorías conspirativas es que sucesos importantes en la historia han sido controlados por manipuladores que organizan los acontecimientos con motivos nefastos tras bambalinas”. La teoría de la conspiración representa algo peyorativo, y exenta de la justificación epistémica que toda explicación requiere, simples elucubraciones de personas que se alejan de la realidad en la  interpretación  de ciertos hechos de relevancia presentados por el sistema.

Las conspiraciones y los complots siempre han existido a lo largo de la historia, pero también es cierto que al pueblo se le suele dar una explicación alejada de la verdad, divulgada –o incluso fabricada— por la prensa del momento y los denominados  historiadores y portavoces oficiales.

En el libro se habla de los colaboradores del sistema y los grupos de presión en el cambio social; del control de la población; de la manipulación a través de los mensajes subliminales y de la música; de las grandes agencias creadoras de la opinión pública; del cambio climático provocado; de la geoingeniería y sus tecnologías; del control del clima como arma de guerra; de los chemtrails; de la corrupta ONU y sus organismos internacionales; de la industria farmacéutica y la agroquímica; del gran negocio de la enfermedad; de la persecución a los médicos que utilizan tratamientos alternativos para curar el cáncer; de los efectos nocivos de algunas vacunas; de Monsanto; de los transgénicos; del Códex Alimentarius; de las plantas prohibidas; de los inventos que no salen adelante; de los falsos filántropos, como Rockefeller o Gates; de las falsas banderas; del sexo como estrategia de manipulación; de la ideología de género; de la LGTB al servicio del sistema; de la hipersexualización de la infancia; del Plan Kalergi; del multiculturalismo promovido por la élite; de la estrategia del miedo y de la islamización de Europa.

Se nos ha preguntado si en el libro tratamos todas las conspiraciones contra la humanidad. La respuesta es no. Algunas, relacionadas con rituales satánicos, vídeos snuff, pedofilia y tráfico de personas hemos preferido no ponerlas por escrito, porque los datos son extremadamente duros y podrían herir la sensibilidad de algunos lectores. Los capítulos que ocupan las 344 páginas son más que suficientes para demostrar que estamos en manos de psicópatas enemigos de la humanidad. Hay que conocer el trasfondo de sus estrategias para empezar a combatirlas. El número de personas dispuestas a combatir la mentira va in crescendo, pero hacen falta más para formar un ejército; un ejército de soldados adultos e informados que han descubierto las claves del enemigo y empuñan las armas de la verdad. Solo así podremos vencerlo. Mientras la sociedad siga aletargada, creyendo a pies juntillas las mentiras del sistema y siguiendo sus consignas, no habrá esperanza para el ser humano, a merced de los locos que rigen el mundo.

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