¡Viva el plagio! Veo mi artículo plagiado y alucino

Sé por experiencia que escribir un artículo con datos, investigación previa en la que fundamentar la opinión lleva mucho trabajo y tiempo, a no ser que se disponga de equipo de negros, que no es mi caso. De momento. Quizá por eso, algunos, en este caso algunas, optan por copiar al pie de la letra trabajos ya publicados, en este caso de una servidora. El texto en cuestión es un extracto de mi libro del 2009, “Déjame nacer. El aborto no es un derecho”, que publiqué en este periódico y en otros medios, aparte de en mi blog www.magdalenadelamo.es, en el 2011, bajo el título “Feminismo de género, una ideología totalitaria”. No recuerdo si fueron tres entregas o cuatro. https://www.periodistadigital.com/politica/opinion/20110715/feminismo-genero-ideologia-totali-noticia-689403071833/https://www.periodistadigital.com/politica/opinion/20110720/feminismo-genero-ideologia-totali-2-noticia-689403071837/

Pues bien, este artículo sale plagiado casi punto por punto en la web “Club de opinión y estudios históricos Jaime I”, https://clubjaimeprimero.org/content/que-no-te-enganen, con fecha 25 de octubre de 2018, titulado “Que no te engañen”. Lo firma María Ángeles Bou Escriche, que se presenta como madre de familia, orientadora familiar y licenciada en Ciencias Empresariales, además de profesora. Está bien inspirarse en otros, sobre todo para difundir ideas necesarias para devolver cierta cordura a una sociedad que ha perdido el norte, y el feminismo de género es una de ellas. Lo que no se puede es vampirizar un trabajo de 42.200 caracteres, impreso ya en un libro, y firmarlo como propio. Además, el fraude va con nocturnidad y trampa, si se puede decir así, una de las trampas del plagiador, que consiste en entrecomillar un párrafo o varios dando crédito al autor, para, a continuación, tirar millas con el resto del texto como si fuera de creación propia. La plagiadora empieza el largo artículo (de mi autoría, repito) con estos párrafos:

“Hace varios años, Magdalena del Amo  escribía en Periodista Digital: ‘Es mucho lo que las mujeres de hoy debemos a nuestras predecesoras. Los movimientos feministas surgidos hacia mediados del siglo XIX han luchado sin descanso por la consecución de determinados derechos que por el hecho de haber nacido con un sexo femenino nos habían sido negados desde la noche de los tiempos. La palabra feminismo se utiliza por primera vez en la revista francesa La Citoyenne, a finales del siglo XIX, introducida por Hubertine Auclert. La primera manifestación feminista tuvo lugar en Seneca Falls, Nueva York en 1848. Se reivindicaba, la igualdad y el derecho al voto.”  (Ignoró por qué aquí cierra las comillas cuando el párrafo siguiente también es mío).

A finales de los años sesenta un grupo de feministas radicales empieza a desmarcarse de lo que hasta ese momento había sido el movimiento feminista reivindicativo en todo el mundo. Surge entonces el feminismo político radical cuyo germen hay que buscarlo en la nueva izquierda surgida después de mayo del 68. Este movimiento radical fagocitó ilegítimamente el término feminista “positivo” que hasta ese momento había luchado por los avances de la mujer. (¡¡¡???).

Aquí sí pone comillas. Se ve que quiere dar a entender que lo anterior es suyo y ahora vuelve a citarme.

“En estos años, las feministas crean grupos “entre” mujeres y “para” mujeres con el fin de debatir sobre sus problemas (hombres, sexo, familia, religión), que hasta entonces habían pertenecido al ámbito privado. Había que transformar lo oculto, los miedos individuales “en una conciencia compartida de su significado, como un proceso social, la liberación de la angustia, la ansiedad, la lucha de proclamar lo doloroso y transformarlo en político”, según palabras de Juliet Mitchel. Otra gran defensora de esta ideología totalitaria es Mary Evans quien defiende que el espacio privado de la familia y el hogar debe ser “sujeto al escrutinio público”. Fue así cómo lo personal y privado pasa a ser político y público. Estas políticas totalitarias, disparatadas y perversas se han implementado en la sociedad española a fuerza de leyes y decretos.” (Magdalena del Amo, en ese artículo citado).

Nótese que dice “…ESE artículo citado”, como si a partir de aquí comenzase su argumentación y desarrollo propios. En principio –como cualquiera que haya leído el redactado—, creí que, con el cierre (Magdalena del Amo, en ESE artículo citado), se ponía fin a la cita. Mi sorpresa vino cuando, al continuar leyendo, veo la transcripción de mi texto completo, que por la magia universal del plagio, la interesada firmó como propio, utilizando el abracadabra de cambiar la firma. Un auténtico milagro. ¡Qué fuerte! Confieso que sentí vergüenza ajena, al ver reflejadas mis expresiones y giros personales.

La buena señora cambia algunos de mis adjetivos. Por ejemplo, sustituye “ “personas desequilibradas” por “personas peculiares”, como vemos en el siguiente párrafo:

“Estos equívocamente llamados avances de la mujer surgieron en las mentes de personas peculiares y se fueron imponiendo de manera velada en las “Conferencias de las Naciones Unidas” sobre la mujer, sin debates previos.

El feminismo radical parte del “lesbianismo radical”. De hecho, casi todas las mujeres impulsoras de este movimiento han sido, o son, lesbianas o bisexuales. Por eso el feminismo radical tiene como aliados al movimiento gay, denominado también “lobby rosa” y al movimiento queer”.

Pero los plagiadores, como no suelen conocer el tema que plagian en profundidad, ni los nombres propios involucrados, meten la pata y dejan su huella como testigo del fraude. En este caso, se puede ver que en el párrafo que sigue se reproduce la misma errata del original, pues donde dice Kate Mollet, debe decir Kate Millet:

“Aunque el feminismo radical tiene su origen en el pensamiento de personajes del siglo pasado como, Margaret Mead, Alfred Kinsey o Margaret Sanger, amén de otros que han ido aportando su ideología, la auténtica construcción se debe al pensamiento de tres mujeres: Germaine Greer, que a través de la revolución sexual propone un cambio de sociedad; Kate Mollet, autora del concepto de patriarcado como modelo de opresión a la mujer; y Shulamith Firestone que aglutina el pensamiento de las anteriores y crea la dialéctica del sexo, como ideología postmarxista. A partir de aquí se identifica el feminismo con “el amor libre, la contracepción, la despenalización del aborto, el divorcio libre o la reproducción artificial, convirtiendo así toda la política en política sexual”. Germane Greer, tras luchar toda su vida por la implantación del feminismo radical, en su último libro Sexo y destino abandona sus ideas radicales y propone la maternidad, la familia y el control de los instintos”.

No contenta con esto, la madre de familia, orientadora familiar y licenciada, termina mi artículo con cinco líneas de su cosecha como redondeo final, y se queda tan ancha y pancha, insistiendo en el título “Que no te engañen”. Parece que la traicionó el subconsciente al titularlo así, porque ella es quien engaña a sus lectores y al periódico para el que escribe o para el que copia.

Le envié un Messenger concediéndole el beneficio de la duda y pidiéndole que subsanase el error y aclarase que el artículo era íntegro de mi autoría. No recibí respuesta. Parece que lo del plagio es un vicio muy extendido. Pero que una orientadora y profesora, que debe enseñar con el ejemplo, se dedique a plagiar, es a todas luces una indecencia.

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