Si los datos del CIS fueran ciertos, Sánchez convocaría elecciones ya.

Pedro Sánchez se hace la víctima mientras aplica altas dosis de árnica a los golpes propinados por un Pablo Casado que llegó, vio y venció, contentó a los suyos y dejó temblando a los adversarios de todos los colores. A decir verdad, estuvo genial; no se podía estar mejor, y el discurso le salió redondo: sin papeles, con una oratoria organizada, con datos, con ideas, con propuestas; fresco y convincente, sin aspavientos, pero vital, con la naturalidad propia de quien cree lo que dice, frente al doctorcillo de chipi chapa carente de credibilidad, impostado y envarado que tira de frases tipo eslogan populista y solo lee lo que le escriben, y mal. La diferencia es tan abismal que decir la noche y el día es poco.

Como rompió relaciones con Casado, Sánchez se consuela hoy con Richard Gere y se hace otra foto para añadir al álbum de su estancia de okupa en la Moncloa. Su vanidad y narcisismo no tienen límites. Se encanta, y se considera tan irresistible que no puede evitar ser coleccionista de sí mismo: las manos, el perro, el footing, el Falcon, el concierto, el ridículo con los guardaespaldas en Times Square, con Trump, con Trudeau, con Macron, donando sangre –la que nos chupa—, ahora con Gere, y lo que te rondaré morena. De eso va su gobierno: de poses, de fotos, de decretos, de trampas a la ley, de ministros sospechosos, de no dar explicaciones, de censura a los medios, de presión a los jueces, de frivolidades mil, de viajes de lucimiento para rellenar una historia vacía y ficticia, y de mentiras, de muchas mentiras, una tras otra sin inmutarse. Eso sí se le da bien. Se ve que tiene mucha práctica. Mejor en plural: todos.

El CIS de Tezanos llegó con una buena dosis de datos para almidonar aún más el ego de Sánchez. El PSOE sube, Podemos sube. Una mentira más, que paganos todos, urdida con el ánimo de desinformar y forzar la realidad. Seamos serios. ¿Quién con un mínimo de decencia y sentido común va a dar por buenos esos sondeos? ¿Es que sus múltiples escándalos: el plagio de la tesis, el doctorado falso, el apoyo manifiesto a los golpistas o la negociación de los presupuestos en la cárcel con los presos del golpe de Estado no importan nada a los españoles? ¿Es que los españoles se han vuelto tan pasotas que no les importa el elenco de ministros ensombrecidos por causas relacionadas con el pago de impuestos, con la declaración de bienes, con el tráfico de información privilegiada, con la pertenencia a las cloacas del Estado y el apoyo a los prostíbulos para la obtención de información “vaginal” con vistas al chantaje de empresarios, políticos y jueces? ¿De verdad que España premia a quien busca su división y ruina? ¿O es que los españoles nos hemos vuelto masoquistas, cínicos y encanallados? Es de suponer que si los datos del CIS fueran reales, Sánchez disolvería las Cortes y convocaría elecciones, hoy mejor que mañana. Pero como llevan más aderezo que los platos de Masterchef, no nos caerá esa breva y tendremos que seguir soportando las ocurrencias de este Zapatero II, pero peor, a las órdenes del comunista, hijo de chequista, de Villa Tinaja, a quien pagamos la seguridad a costa de estar desprotegidos algunos municipios.

Volviendo al líder del nuevo Partido Popular, Pablo Casado, por quien apostamos desde el principio frente a una Soraya caduca, preferida de Zapatero y de Sánchez –por qué será—, que tanto ha perjudicado a España y que ahora parasita al Consejo de Estado –quizá para pronunciarse sobre la “no rebelión” de sus amigos golpistas, tenemos que agradecerle el haber traído de nuevo la esperanza a los españoles que luchamos por el bien y la justicia. Bienvenido al nuevo PP sin complejos que sabe ganar elecciones como nadie y crear empleo y riqueza como nadie.

Las elecciones andaluzas no es un buen estreno, pero tampoco se puede considerar una prueba de fuego, dado que el tejido social está calcificado por la corrupción sistémica de los últimos cuarenta años, y el candidato es un resto de la vieja guardia sorayista. Alguien que hace seguidismo progre y critica las palabras de Tejerina no merece ser candidato de un partido decente. Se sabía, pero no había tiempo para el relevo, ni manera sin hacer una escabechina. No vamos a sentirnos desencantados, por tanto.

El éxito de Vox es otra esperanza. Por eso le están dando duro. Al partido de Abascal y Ortega Lara, aparte de la recuperación de otros valores le debemos que esté liderando la causa judicial contra los golpistas catalanes. Si tuviera la lámpara de Aladino o se pudiera pedir un deseo al genio de la botella, yo le pediría que los tres partidos que defienden la unidad nacional dejaran sus diferencias en un segundo plano y lucharan por liberar a España del totalitarismo al que nos están llevando comunistas y golpistas para ganar una guerra que han perdido hace casi ochenta años. Que se unan y dejen de mirarse el ombligo. Que miren al horizonte de España, y piensen que el verdadero enemigo es el equipo de desvergonzados déspotas que tenemos instalados en el Parlamento apoyando al okupa de la Moncloa para decidir nuestro futuro y la destrucción de España. Esa es la verdad.

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