La impunidad de la izquierda, sus engendros y asesinatos

La sinrazón, la injusticia, el surrealismo y la demagogia más abyecta protagonizan en este momento los espacios que en tiempos mejores ocupaba información, y que hoy podemos catalogar, sin ánimo de hiperbolizar, como propaganda deshonesta. Salvo excepciones, la prensa escrita da asco, y las cadenas televisivas causan atrofia mental y espiritual. Es incomprensible, salvo en dictaduras como Cuba o Venezuela, tener un canal, como la Sexta, dando la matraca noche y día con lo mismo: contra el Estado y la Constitución, defendiendo a los rebeldes y secesionistas, el golpismo y a cuanto delincuente pulula por los horizontes de la radicalidad izquierdista; eso sí, si se milita en la izquierda se es merecedor del derecho a la patente de corso, y se puede ser traidor, prevaricador, violador, maltratador e incluso asesino, licencia para matar. Todo está bien para esta gentuza, esta “subraza” de humanos degenerados y, por supuesto, sin alma. Literalmente.PEDRO J

El día que el Gobierno aplicó el 155, escribí que había que apoyarlo y aprobé su cautela, viendo y previendo el chantaje de los socialistas y contemplando otras perspectivas. Hoy, la realidad me impele a decir lo contrario. Creo que nos están tomando el pelo y que se cocina algo a nuestras espaldas y que nos servirán aderezado con especias orientales para evitar su hedor.

No sé bien qué está pasando y quién está moviendo los hilos. Es fácil llegar hasta Rajoy y su equipo de ineptos desleales a España y a sus votantes. En estos momentos se me escapa quién es el siguiente eslabón, el illuminati que inspira su agenda. Las consignas deben ser muy claras e innegociables para atreverse a protagonizar tanto desaguisado y a ser tan traidores a las claras.

Incluso nos están haciendo perder la confianza en los jueces. Es vox populi que están actuando de acuerdo a las consignas del Gobierno. Mucha amenaza de imputar –lo cual nos consuela—pero todo se queda en nada, porque, ¡oh!, estamos en campaña, y los delincuentes, como encabezan las listas –y aún no han sido juzgados— conservan sus derechos y tienen que estar fuera, emponzoñando aún más a los catalanes y envenenando también al resto de España que contempla impotente el disparate. Estamos hartos de catalanes y de Cataluña. Estamos hartos de oír hablar a los separatistas y a sus demagogos y mentirosos defensores. Basta ya de tapar y minimizar sus vergüenzas y delitos. ¡Estamos saturados de tanta falacia!

Contra otras opiniones más severas, ponderé el auto del juez Llarena porque decía a las claras que si los golpistas volvían a delinquir volverían a prisión. Pero ahí los vemos haciendo campaña a la antigua usanza, reivindicando aquello por lo que fueron imputados. Los separatistas ven la debilidad del Estado y mantienen un pulso continuo.

El fiscal Maza se fue, lo enterramos y lo olvidamos; el fiscal Romero de Tejada, ídem de lienzo. ¿Qué ocurre con el juez Ramírez? Esperemos que no haya bacterias extrañas y todo sea debido a depresión por el violento acoso separatista. Es indignante lo que está ocurriendo. A los policías los echan de los hoteles y no pasa nada, a los jueces los agreden con pintadas, y tampoco pasa nada. Asesinan al legionario, Víctor Laínez, por llevar tirantes con los colores de la bandera española, y se hace una fiesta en las redes sociales. Ni siquiera es portada de los medios propagandísticos. ¡Era falangista!, dicen, no tenía derecho a la vida, uno menos. Nadie llora su muerte. En cambio se le canta el “Viva España” a la camarada Oltra y es noticia nacional, porque es incitación al odio. ¿Nos están volviendo locos? ¿Lo estamos ya? ¿Hasta cuándo la impunidad de la izquierda? ¿Hasta cuándo estas señoras tan feas de cuerpo y alma –literal también— van a seguir imponiendo sus majaderías y manipulando con sus eufemismos de laboratorio?

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