Derogación de la ley de violencia de género y regulación de la inmigración en el programa de VOX.

Faltan solo horas para que los andaluces vayan a las urnas. Todas las elecciones son importantes, sobre todo, cuando las analizamos desde el presente, pero en estas nos jugamos mucho todos. Vivimos una gravísima situación, inmersos en un golpe de Estado con el que el gobierno de Sánchez es complaciente, a cambio de poder seguir en el machito y quién sabe si por un pacto secreto contra España que se nos escapa. Una traición de esas de las que solemos enterarnos después de años. Lo cierto es que España entera está en vilo con los ojos puestos, uno mirando a Cataluña, que se ha convertido en un desgobierno donde todo funciona al revés y la desvergüenza es el modus operandi de los catanazis, que son los que ordenan y mandan, y otro en los resultados electorales de la autonomía más corrupta de España, donde el robar, desde hace cuarenta años, se ha convertido en la única manera de hacer política. Ahora se suma la chica morena de Podemos, agitadora al estilo la Pasionaria, con un programa comunista, de “exprópiesese”, donde los derechos velan por su ausencia excepto para los inmigrantes ilegales, los sin techo, los de la LGTBI, los asaltacapillas, los okupas, los que insultan al rey, y las mujeres que se declaren maltratadas, cosa que no quiere decir que lo sean. La ley de violencia de género es un bodrio que nunca debió salir adelante si no fuera porque Zapatero tenía muy claro que había llegado para hacer ingeniería social y poner a la sociedad española patas arriba. ¡Y vaya si la puso! Y así estamos, con la cabeza arrastrando y pensando con los pies. La dictadura de lo políticamente correcto, difundida a rajatabla por los periodistas del sistema, es tan feroz que nadie se atreve a manifestar lo que  en privado sí se dice. Salvo las femen y unas cuantas descerebradas más, y los vividores del género –en eso no se escatiman gastos— es casi unánime la opinión de que la ley es inconstitucional, porque discrimina al hombre, que, ante una denuncia, se le lleva a comisaría y,  al menos esa noche, duerme en el calabozo. Después, vendrá el calvario de mentiras, juicios y calumnias para quedarse con la casa, los hijos y la prestación, dejando al marido-padre, muchas veces, en la indigencia. Se da el caso de que el pobre hombre, tiene que mantener incluso al amante de la señora que, mira por donde, se le ha pasado el disgusto y ha rehecho su vida. ¡El colmo! Por eso Vox derogará esta ley inmunda que tanto daño está haciendo.

Abascal dio en la diana cuando dijo que en muchos de los casos de violencia contra la mujer están involucrados inmigrantes. Es verdad, pero los medios de comunicación tienen prohibido decirlo y los que nos atrevemos a saltarnos la norma, corremos el riesgo de ser censurados, tachados de xenófobos y que nos cierren las cuentas de tuiter y facebook. Basta ya de proteger el anonimato de estos salvajes, como se ha estado haciendo en toda Europa, ocultando sus violaciones a menores y asesinatos de mujeres. Ahora Holanda acaba de elaborar un paquete de medidas restrictivas, porque se han dado cuenta de que la sociedad estaba siendo víctima de este buenismo tonto. Quizá sea tarde para dar marcha atrás.

Regular el tema de la inmigración ilegal es otro de los puntos estrella de Vox. La impunidad con la que los asaltadores de las vallas fronterizas arremeten contra nuestras fuerzas del orden es otra desvergüenza que hay que parar. No podemos permitir que sigan entrando y formando guetos de gente que llega con ánimo invasor, sin nada que sumar y mucho que restar. No podemos permitir que barrios emblemáticos de Madrid, como Lavapiés, estén en manos de los inmigrantes que imponen su ley a los vecinos que llevan viviendo allí varias generaciones y, encima, la alcaldesa Carmena dé orden a la policía de nopatrullar por allí ¡para no crispar! La verdad, ante tal desvarío, los ciudadanos nos sentimos en un estado de total indefensión.

Tenía que llegar un político llamado Santiago Abascal, al frente de un partido llamado Vox para destapar esta desvergüenza y avergonzar a los que llevan años tapando y haciendo la vista gorda. Llega, además, encarnando el arquetipo del héroe que aparece en el momento crucial para salvar a los buenos y derrotar a los malos. De frente, sin complejos, hablando claro y con propuestas para iniciar la reconquista de España. Pero esto no es una historia de hazañas bélicas, ni Abascal el Capitán Trueno o Supermán. Por eso, yo no tengo mucha confianza en que las elecciones andaluzas vayan a cambiar algo. Esto no quiere decir que sea pesimista, sino que reconozco que media Andalucía vive de la limosna y de la corrupción a pequeña escala, de las migajas y la calderilla que les van echando los que estos días se sientan en los banquillos por robar, y otros en activo a los que aún no les llegó el tsunami. “Veinte años no es nada”, dice Gardel, pero “cuarenta años es mucho”, los que llevan los socialistas chupando del bote del ciudadano.

La prensa progre de la izquierda, que es toda, es insensible ante la corrupción andaluza. En la Sexta, más conocida como la Secta, a Susana Díaz ni la tocan. No es de extrañar, siendo la jefa de prensa de la presidenta andaluza una tal Mercedes Pastor, hermana de la sectaria Ana Pastor, que reparte lecciones de moral –dime de qué presumes y te diré de qué careces—, compañera del maquiavélico Ferreras, ese que dice “más periodismo” en lugar de decir “más mentiras y manipulación masónica”. Por eso creo que en Andalucía seguirán gobernando los mismos, con los otros, igual de malos o peores. Ojalá me equivoque, pero en Andalucía es  ya una cuestión de idiosincrasia.

Puede que Vox consiga algún escaño, incluso varios. Según algunas encuestas, hasta podría ser llave para apoyar un supuesto gobierno de la derecha. ¡Ojalá! Pero si no consiguiera representación, no nos sentiremos defraudados. El motor ya está encendido y no para de hacer ruido. Por otro lado, un mal resultado en Andalucía no quiere decir que la dinámica fuera a repetirse en las generales. España no es tan prisionera de la limosna como Andalucía. El partido de Abascal, Ortega Lara y mucha gente de bien que cree que una política con mayúsculas es posible, tiene mucho camino por delante y aunque, en estos primeros tiempos, tendrá la sombra de la recuperación o no del PP, Vox brilla con luz propia. En el parlamento hace falta sentido común, honradez, capacidad y ganas de trabajar por España. Vox ha llegado para quedarse. Y no olvidemos que está liderando el proceso contra los golpistas. En el fondo, creo que sí vamos a tener un buen resultado. ¡Nos lo merecemos!

 

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