Derogación de la ley de violencia de género y regulación de la inmigración en el programa de VOX.

Faltan solo horas para que los andaluces vayan a las urnas. Todas las elecciones son importantes, sobre todo, cuando las analizamos desde el presente, pero en estas nos jugamos mucho todos. Vivimos una gravísima situación, inmersos en un golpe de Estado con el que el gobierno de Sánchez es complaciente, a cambio de poder seguir en el machito y quién sabe si por un pacto secreto contra España que se nos escapa. Una traición de esas de las que solemos enterarnos después de años. Lo cierto es que España entera está en vilo con los ojos puestos, uno mirando a Cataluña, que se ha convertido en un desgobierno donde todo funciona al revés y la desvergüenza es el modus operandi de los catanazis, que son los que ordenan y mandan, y otro en los resultados electorales de la autonomía más corrupta de España, donde el robar, desde hace cuarenta años, se ha convertido en la única manera de hacer política. Ahora se suma la chica morena de Podemos, agitadora al estilo la Pasionaria, con un programa comunista, de “exprópiesese”, donde los derechos velan por su ausencia excepto para los inmigrantes ilegales, los sin techo, los de la LGTBI, los asaltacapillas, los okupas, los que insultan al rey, y las mujeres que se declaren maltratadas, cosa que no quiere decir que lo sean. La ley de violencia de género es un bodrio que nunca debió salir adelante si no fuera porque Zapatero tenía muy claro que había llegado para hacer ingeniería social y poner a la sociedad española patas arriba. ¡Y vaya si la puso! Y así estamos, con la cabeza arrastrando y pensando con los pies. La dictadura de lo políticamente correcto, difundida a rajatabla por los periodistas del sistema, es tan feroz que nadie se atreve a manifestar lo que  en privado sí se dice. Salvo las femen y unas cuantas descerebradas más, y los vividores del género –en eso no se escatiman gastos— es casi unánime la opinión de que la ley es inconstitucional, porque discrimina al hombre, que, ante una denuncia, se le lleva a comisaría y,  al menos esa noche, duerme en el calabozo. Después, vendrá el calvario de mentiras, juicios y calumnias para quedarse con la casa, los hijos y la prestación, dejando al marido-padre, muchas veces, en la indigencia. Se da el caso de que el pobre hombre, tiene que mantener incluso al amante de la señora que, mira por donde, se le ha pasado el disgusto y ha rehecho su vida. ¡El colmo! Por eso Vox derogará esta ley inmunda que tanto daño está haciendo.

Abascal dio en la diana cuando dijo que en muchos de los casos de violencia contra la mujer están involucrados inmigrantes. Es verdad, pero los medios de comunicación tienen prohibido decirlo y los que nos atrevemos a saltarnos la norma, corremos el riesgo de ser censurados, tachados de xenófobos y que nos cierren las cuentas de tuiter y facebook. Basta ya de proteger el anonimato de estos salvajes, como se ha estado haciendo en toda Europa, ocultando sus violaciones a menores y asesinatos de mujeres. Ahora Holanda acaba de elaborar un paquete de medidas restrictivas, porque se han dado cuenta de que la sociedad estaba siendo víctima de este buenismo tonto. Quizá sea tarde para dar marcha atrás.

Regular el tema de la inmigración ilegal es otro de los puntos estrella de Vox. La impunidad con la que los asaltadores de las vallas fronterizas arremeten contra nuestras fuerzas del orden es otra desvergüenza que hay que parar. No podemos permitir que sigan entrando y formando guetos de gente que llega con ánimo invasor, sin nada que sumar y mucho que restar. No podemos permitir que barrios emblemáticos de Madrid, como Lavapiés, estén en manos de los inmigrantes que imponen su ley a los vecinos que llevan viviendo allí varias generaciones y, encima, la alcaldesa Carmena dé orden a la policía de nopatrullar por allí ¡para no crispar! La verdad, ante tal desvarío, los ciudadanos nos sentimos en un estado de total indefensión.

Tenía que llegar un político llamado Santiago Abascal, al frente de un partido llamado Vox para destapar esta desvergüenza y avergonzar a los que llevan años tapando y haciendo la vista gorda. Llega, además, encarnando el arquetipo del héroe que aparece en el momento crucial para salvar a los buenos y derrotar a los malos. De frente, sin complejos, hablando claro y con propuestas para iniciar la reconquista de España. Pero esto no es una historia de hazañas bélicas, ni Abascal el Capitán Trueno o Supermán. Por eso, yo no tengo mucha confianza en que las elecciones andaluzas vayan a cambiar algo. Esto no quiere decir que sea pesimista, sino que reconozco que media Andalucía vive de la limosna y de la corrupción a pequeña escala, de las migajas y la calderilla que les van echando los que estos días se sientan en los banquillos por robar, y otros en activo a los que aún no les llegó el tsunami. “Veinte años no es nada”, dice Gardel, pero “cuarenta años es mucho”, los que llevan los socialistas chupando del bote del ciudadano.

La prensa progre de la izquierda, que es toda, es insensible ante la corrupción andaluza. En la Sexta, más conocida como la Secta, a Susana Díaz ni la tocan. No es de extrañar, siendo la jefa de prensa de la presidenta andaluza una tal Mercedes Pastor, hermana de la sectaria Ana Pastor, que reparte lecciones de moral –dime de qué presumes y te diré de qué careces—, compañera del maquiavélico Ferreras, ese que dice “más periodismo” en lugar de decir “más mentiras y manipulación masónica”. Por eso creo que en Andalucía seguirán gobernando los mismos, con los otros, igual de malos o peores. Ojalá me equivoque, pero en Andalucía es  ya una cuestión de idiosincrasia.

Puede que Vox consiga algún escaño, incluso varios. Según algunas encuestas, hasta podría ser llave para apoyar un supuesto gobierno de la derecha. ¡Ojalá! Pero si no consiguiera representación, no nos sentiremos defraudados. El motor ya está encendido y no para de hacer ruido. Por otro lado, un mal resultado en Andalucía no quiere decir que la dinámica fuera a repetirse en las generales. España no es tan prisionera de la limosna como Andalucía. El partido de Abascal, Ortega Lara y mucha gente de bien que cree que una política con mayúsculas es posible, tiene mucho camino por delante y aunque, en estos primeros tiempos, tendrá la sombra de la recuperación o no del PP, Vox brilla con luz propia. En el parlamento hace falta sentido común, honradez, capacidad y ganas de trabajar por España. Vox ha llegado para quedarse. Y no olvidemos que está liderando el proceso contra los golpistas. En el fondo, creo que sí vamos a tener un buen resultado. ¡Nos lo merecemos!

 

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Si los datos del CIS fueran ciertos, Sánchez convocaría elecciones ya.

Pedro Sánchez se hace la víctima mientras aplica altas dosis de árnica a los golpes propinados por un Pablo Casado que llegó, vio y venció, contentó a los suyos y dejó temblando a los adversarios de todos los colores. A decir verdad, estuvo genial; no se podía estar mejor, y el discurso le salió redondo: sin papeles, con una oratoria organizada, con datos, con ideas, con propuestas; fresco y convincente, sin aspavientos, pero vital, con la naturalidad propia de quien cree lo que dice, frente al doctorcillo de chipi chapa carente de credibilidad, impostado y envarado que tira de frases tipo eslogan populista y solo lee lo que le escriben, y mal. La diferencia es tan abismal que decir la noche y el día es poco.

Como rompió relaciones con Casado, Sánchez se consuela hoy con Richard Gere y se hace otra foto para añadir al álbum de su estancia de okupa en la Moncloa. Su vanidad y narcisismo no tienen límites. Se encanta, y se considera tan irresistible que no puede evitar ser coleccionista de sí mismo: las manos, el perro, el footing, el Falcon, el concierto, el ridículo con los guardaespaldas en Times Square, con Trump, con Trudeau, con Macron, donando sangre –la que nos chupa—, ahora con Gere, y lo que te rondaré morena. De eso va su gobierno: de poses, de fotos, de decretos, de trampas a la ley, de ministros sospechosos, de no dar explicaciones, de censura a los medios, de presión a los jueces, de frivolidades mil, de viajes de lucimiento para rellenar una historia vacía y ficticia, y de mentiras, de muchas mentiras, una tras otra sin inmutarse. Eso sí se le da bien. Se ve que tiene mucha práctica. Mejor en plural: todos.

El CIS de Tezanos llegó con una buena dosis de datos para almidonar aún más el ego de Sánchez. El PSOE sube, Podemos sube. Una mentira más, que paganos todos, urdida con el ánimo de desinformar y forzar la realidad. Seamos serios. ¿Quién con un mínimo de decencia y sentido común va a dar por buenos esos sondeos? ¿Es que sus múltiples escándalos: el plagio de la tesis, el doctorado falso, el apoyo manifiesto a los golpistas o la negociación de los presupuestos en la cárcel con los presos del golpe de Estado no importan nada a los españoles? ¿Es que los españoles se han vuelto tan pasotas que no les importa el elenco de ministros ensombrecidos por causas relacionadas con el pago de impuestos, con la declaración de bienes, con el tráfico de información privilegiada, con la pertenencia a las cloacas del Estado y el apoyo a los prostíbulos para la obtención de información “vaginal” con vistas al chantaje de empresarios, políticos y jueces? ¿De verdad que España premia a quien busca su división y ruina? ¿O es que los españoles nos hemos vuelto masoquistas, cínicos y encanallados? Es de suponer que si los datos del CIS fueran reales, Sánchez disolvería las Cortes y convocaría elecciones, hoy mejor que mañana. Pero como llevan más aderezo que los platos de Masterchef, no nos caerá esa breva y tendremos que seguir soportando las ocurrencias de este Zapatero II, pero peor, a las órdenes del comunista, hijo de chequista, de Villa Tinaja, a quien pagamos la seguridad a costa de estar desprotegidos algunos municipios.

Volviendo al líder del nuevo Partido Popular, Pablo Casado, por quien apostamos desde el principio frente a una Soraya caduca, preferida de Zapatero y de Sánchez –por qué será—, que tanto ha perjudicado a España y que ahora parasita al Consejo de Estado –quizá para pronunciarse sobre la “no rebelión” de sus amigos golpistas, tenemos que agradecerle el haber traído de nuevo la esperanza a los españoles que luchamos por el bien y la justicia. Bienvenido al nuevo PP sin complejos que sabe ganar elecciones como nadie y crear empleo y riqueza como nadie.

Las elecciones andaluzas no es un buen estreno, pero tampoco se puede considerar una prueba de fuego, dado que el tejido social está calcificado por la corrupción sistémica de los últimos cuarenta años, y el candidato es un resto de la vieja guardia sorayista. Alguien que hace seguidismo progre y critica las palabras de Tejerina no merece ser candidato de un partido decente. Se sabía, pero no había tiempo para el relevo, ni manera sin hacer una escabechina. No vamos a sentirnos desencantados, por tanto.

El éxito de Vox es otra esperanza. Por eso le están dando duro. Al partido de Abascal y Ortega Lara, aparte de la recuperación de otros valores le debemos que esté liderando la causa judicial contra los golpistas catalanes. Si tuviera la lámpara de Aladino o se pudiera pedir un deseo al genio de la botella, yo le pediría que los tres partidos que defienden la unidad nacional dejaran sus diferencias en un segundo plano y lucharan por liberar a España del totalitarismo al que nos están llevando comunistas y golpistas para ganar una guerra que han perdido hace casi ochenta años. Que se unan y dejen de mirarse el ombligo. Que miren al horizonte de España, y piensen que el verdadero enemigo es el equipo de desvergonzados déspotas que tenemos instalados en el Parlamento apoyando al okupa de la Moncloa para decidir nuestro futuro y la destrucción de España. Esa es la verdad.

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Pablo Casado se suicida, pero es un suicidio colectivo

Es cierto que muchos nos habíamos vuelto a ilusionar con Pablo Casado, a pesar de haber jurado –es un decir—no volver a votar al Partido Popular, tras la traición que venimos sufriendo desde el 2008, llevada al máximo a partir del 2012 con una mayoría absoluta histórica que, tal y como va la dinámica de la configuración de los

En esta reunión, muy probablemente, se pactó la renovación del Consejo General del Poder Judicial.

En esta primera reunión, muy probablemente, Sánchez y Casado pactaron la renovación del Consejo General del Poder Judicial.

parlamentos, tardaremos en ver. Pero Casado era enemigo de Soraya y, por tanto, de Rajoy. Su elección, su primer discurso y aquel primer estreno en la tribuna, sin papeles, dando sopas con honda al enemigo y tildando al presidente de golpista, eran una prueba de que el rajoyismo y el sorayismo habían muerto; que España volvía a tener defensores, que se habían acabado los complejos y que la renovación de las “actitudes” era un hecho. El susto lo llevó Vox porque parecía que Casado quería recibir en casa a todos los hijos pródigos que habían emigrado muertos de asco, yo entre ellos. ¡Pero qué poco duró la esperanza!

Lo del CGPJ no tiene nombre y es algo que nadie entiende, ni siquiera aquellos que parecen tener hilo directo con el jefe del cielo. Ni con un puñal en el pecho tendría justificación tal rendición a los enemigos de la patria y de los españoles. Porque, créanme, estos no aman a España y les importan un pepino los pensionistas, las hipotecas, el paro o los sin techo. Estos solo se quieren a sí mismos. Vamos a ver, si tanto se había vitoreado que Casado apareciese al lado de Aznar, de quien parecía haber recibido alguna consigna; si se había aplaudido que declarase sin rubor que había que recuperar el antiguo PP de los valores, contemplando incluso que María San Gil y otros “exiliados” volvieran a la primera línea de la política, es difícil de explicar que “de lo dicho, nada” y “volvemos a lo de antes: a la sumisión y a seguirle la corriente a los comunistas, a los pata negra y a los comunistas del PSOE, sin ideología, como no sea el sumo placer de estar en la Moncloa. Pero ¿qué ha ocurrido para que Casado se tire a la pira ardiendo? ¿Cuál es la razón de esta autoinmolación? Echando cuentas, cuando Casado le llamó golpista al okupa de Moncloa y este rompió relaciones –menudo teatro—, ya el exministro reprobado Catalá y la ministra reprobada Delgado, alias la Lola que bebe el vino en la copa de Garzón, “trilereaban” con los jueces, a ver quién se quedaba en el vaso y quién fuera. Es decir, que por la mañana jugaba con Catalá y por la tarde aparecía en el Senado a dar explicaciones. “¡Qué tontos sois!” –pensaría la ministra-fiscal, que en lugar de denunciar los delitos los protege para poder chantajear. […] Si vosotros supierais lo bien que nos entendemos y lo que estamos amañando, fliparíais!”. Pues sí señora, tontos ellos y tontos nosotros, expectantes y esperanzados en que enviaran a sus casas a tanto fuera de la ley, que no se ha visto cosa igual.

¿Qué ha ocurrido, vuelvo a preguntar, para que Casado haya convertido su carrera política en flor de un día, y diera paso a la instauración en España de un régimen para desmembrarla e instalar la más absoluta ruina a todos los niveles, con políticos corruptos que se inventan tesis, con jueces al servicio de la nueva dictadura, violadores en las calles, asaltadores okupas de la propiedad privada, musulmanes construyendo mezquitas allí donde en otro tiempo hubo iglesias, terroristas y filoterroristas dando lecciones de moral, persecución a periodistas y medios de comunicación, pervertidos haciendo que nuestros niños en las escuelas se pregunten internamente si se sienten niños o niñas? (Lo propuso Uxue Barcos, más fea aún por dentro que por fuera. No es de extrañar su militancia en el feminismo radical y que tenga estas ocurrencias).

¿Por qué, tras prometer nuevos aires en el PP aparece Casado con Rajoy y dicen que, al parecer, hablan a diario? ¿De qué? ¿Qué ha ocurrido para que Casado entregue el CGPJ a la izquierda más extrema y salvaje de cuantas ha habido? Y que conste que no estoy de acuerdo con el sistema de nombramiento de jueces. Dicho esto, ahora que nos enfrentamos al juicio más importante de cuantos ha habido en la etapa democrática, sabiendo, además, las presiones que está habiendo desde el mismo día del golpe, para que los golpistas se vayan a sus casas con la mínima pena, regalarle la mayoría a los socialistas-podemitas-golpistas el CGPJ, me parece un suicidio. ¡Pero un suicidio colectivo! Porque si solo afectara a Casado y a su recién estrenada carrerita de jugar a político de la renovación, ¡anda y que le den! Pero es que nos ha colocado a todos en el patíbulo. Yo temía que le ocurriera algo al juez Llarena –algo más que perseguirlo y pintarle la casa—, pero con este cambalache parece que ya le ha ocurrido. A ver. ¡Cómo trabaja el mal! A pesar de saberlo, nunca deja de sorprenderme.

Como sé que nadie va a contestarme a la pregunta, solo me queda escuchar la respuesta del viento, que diría el cursi de Zapatero como aquel día que quiso hacerse poeta. Algunos analistas opinan que es por los temas de corrupción pendientes de juicio en los que se verían afectados varios miembros del Partido Popular y que con un presidente favorable podría haber algo de palanca. Pero a mí el viento me dice que no se trata de un tema económico. El asunto podría ser mucho más serio. No sé si tiene grabado algo Villarejo. Sí sé que en los archivos del antiguo CESID hay tema para varias películas basadas en hechos reales. El viento me dice que el tema podría estar relacionado con delitos de pederastia de alto standing, una plaga mucho más extendida de lo que la ciudadanía cree. Casado, sin comerlo ni beberlo, puede ser que esté en manos del enemigo. Las herencias con deudas es lo que tienen. No me extraña que se niegue a dar explicaciones. No tiene ninguna convincente.

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¡Prohibido hablar de Jesucristo!

Quiero empezar este artículo con las palabras que el filósofo y romántico francés, Chateaubriand, dirigió a los ilustrados, que decidieron sustituir la fe en Dios por la fe en la ciencia: “Renunciando al cristianismo, no por ello vayáis a pensar que conservaréis las nociones superiores de justicia, las ideas verdaderas sobre la naturaleza humana y los progresos de todo género que el cristianismo ha traído a la sociedad. Su dogma es la garantía de su moral, y esta moral no tardaría en verse asfixiada por las pasiones no gobernadas por el freno de la fe. Ahora bien, no se vuelven a encontrar las elevadas virtudes cristianas allí donde ha reinado y se ha extinguido el cristianismo”. Estas palabras pueden aplicarse hoy a los ejecutores de la descristianización, seguidores de aquellos, pero más “desilustrados”, menos humanos y mucho más perversos, si cabe.

jesucristo cara
Robert Schuman, uno de los ideólogos de la Unión Europea decía que la moderna democracia, que debe su existencia al cristianismo, nació el día en que “el hombre fue llamado a realizar en su vida temporal la dignidad de la persona humana, en su libertad individual, en el respeto de los derechos de cada cual y por la práctica del amor fraterno con respecto a todos. Nunca antes de Cristo, estas ideas habían sido formuladas. La democracia está así unida al cristianismo doctrinal y cronológicamente. Tomó cuerpo con él por etapas, a través de largos titubeos, a veces a precio de errores y recaídas en la barbarie”. ¡Ay, si Schuman levantara la cabeza y viera la Europa por él soñada!

Está demostrado que cuando el cristianismo decae, la barbarie se hace presente. Basta con echar un vistazo a la historia. Los ideólogos del laicismo agresivo han ido ganando batallas en los últimos tiempos. Que no se hiciera constar los orígenes cristianos de Europa en la Constitución comunitaria es sólo una anécdota, pero muy  indicadora de la transformación progresiva de una sociedad que, poco a poco, va olvidando la primacía de los valores que nos ennoblecen.

Ahora podemos decir que vamos caminando a la barbarie. Aunque los apologetas del laicismo radical –que no hay que confundir con laicidad— tratan de, a base de mentiras, vender una sociedad con nuevos valores, más justa y solidaria, lo cierto es que es justo al revés. Gracias a ellos –es más fácil educar para el mal que para el bien—, la sociedad actual está más encanallada, es más relativista, más simple, más vacía y más frívola. Hemos perdido el timón y navegamos a la deriva en aguas turbulentas por este mar proceloso lleno de monstruos que van devorando nuestra mejor esencia. La sociedad actual vive para sus instintos más reptilianos: caza, sexo, comida y retozo; como el hombre primitivo y el resto de los animales. Por eso tienen tanto éxito los programas televisivos sobre estos temas ¿En qué empleamos el tiempo que Platón proponía destinar a los divinos ocios? Parece que hoy no tenemos ocios divinos. Hemos retrocedido en valores y muchos se preguntan cómo ha sido posible llegar a esta oscuridad global, que nos impide ver que somos luz. Hace unos días, le oí decir al empresario defensor de la bandera española, José Manuel Opazo, que “cuando nos dormimos en democracia, nos despertamos en dictadura”. Me pareció una frase muy oportuna, y recordé entonces la que tantas veces he repetido de Edmund Burke: “Para que el mal prolifere, basta con que los buenos no hagan nada”. Es muy cierto. Los buenos no hemos hecho nada o muy poco, hemos confiado en nuestros políticos, en la ONU y en la pléyade de organismos de nombres largos, que no sirven para nada, salvo para que miles de funcionarios coman la sopa boba al servicio de los gobernantes de turno, mientras elaboran estrategias de manipulación y presión, a base de  leyes totalitarias contranatura e imponen el laicismo feroz de fuera cruces, fuera cristianismo, fuera Jesucristo. Eso queda relegado a lo privado, a las catacumbas, que para eso hemos heredado la memoria de los primeros cristianos que sufrieron persecución. Ahora, los cristianos también estamos siendo perseguidos, por mucho que ciertos obispos y arzobispos se den la mano con las asaltacapillas y regalen perdones a quienes no muestran arrepentimiento. Creíamos que aquello de la Guerra Civil era una cosa del archivo del tiempo. Nos hemos dormido en los laureles: unos por comodidad, otros por pereza, otros por seguir la tendencia y no salirse de la manada, que es donde se está calentito. Disentir no es cómodo, sobre todo cuando hay que dar argumentos sólidos, porque eso requiere una formación que lleva su tiempo y esfuerzo, y esta sociedad amante de lo fácil y lo divertido, no está dispuesta a invertir su tiempo en cosas serias.

Hace unos años, pocos, nos escandalizamos cuando en Estados Unidos taparon el emblema de la Compañía de Jesús, porque Obama tenía en uno de sus colegios una intervención. Visto ahora, con lo que está pasando, no deja de ser una anécdota de nada, una pequeñez. Hoy, en España, la gente ha llegado a un grado de estupidez permanente preocupante. Si no les importa que a sus hijos los eduquen en la ideología de género o que enseñen a sus niñas a abortar, qué les puede importar si retiran las cruces, si cierran iglesias, o si convierten el Valle de los Caídos en un puticlub. Por cierto, parece que de eso conocen mucho. (La ministra Dolores Delgado sabe que eso es éxito asegurado para extorsionar; en Andalucía se gastaban el dinero en esos tugurios; y, curiosamente, el suegro del presidente Sánchez, Sabiniano Gómez –miren en Internet—, se hizo rico con el negocio de la prostitución gay. ¿Tendrán grabado a alguien? Ese es un melón por abrir).

En cuanto a los responsables de la descristianización, hay categorías. Por un lado estarían los insulsos pasotas, los “dejaos”, y por otro, los malos malos con diploma. Esos que tienen el rabo peludo, esos en cuya mirada se pueden ver las tinieblas que motivan sus acciones contra las cruces y contra todo lo que pueda favorecer a la humanidad. Porque las cruces son el símbolo de Jesús de Nazaret, el ser que nos dejó una fórmula magistral de amor incondicional. El símbolo de la cruz lo han ido retirando de todos los lugares públicos y, al mismo tiempo, del corazón de la gente, incluso de los buenos.

Hace un tiempo, había personas que si bien no estaban de acuerdo con la Iglesia católica, debido a sus muchos errores, sí tenían en cuenta al Jesús esenio, al Jesús como arquetipo o avatara y lo veían como un modelo a seguir. Hoy no ocurre eso, o mucho menos. Hoy, salvo excepciones, ni lo nombran. Jesucristo se ha convertido en un tema tabú. Digo esto porque he observado que en algunos de los grupos de wasap a los que pertenezco, integrados por gente buena, profesionales de las medicinas complementarias, no religiosos aunque sí espirituales, que practican el amor universal –y eso me consta—, dispuestos siempre a ayudar de manera desinteresada –también me consta—, nunca hablan de Jesús, ni emplean términos relacionados con el cristianismo, como “la paz sea contigo” o “bendiciones” y, en cambio, sí usan vocablos del sánscrito utilizados en el yoga, como “namasté”. Esto me ha invitado a reflexionar y deduzco que, aunque de manera inconsciente, se debe al grado de manipulación que “de facto” ejerce el anticristianismo. Es como una ley no escrita. No se nombra a Jesucristo porque no es políticamente correcto, y eso es asumido incluso por los que se consideran fuera del sistema, en lo alternativo.

Ante esta situación conviene dejar a un lado los prejuicios. Jesucristo sigue  vivo, aunque lo hayamos arrinconado en el sótano. Solo está cubierto con una capa de polvo de maldad, y toca hacer limpieza. Conviene recordar que el cristianismo hizo iguales a los hombres, sin distinción de raza, color, posición económica o social, mucho antes de que la teosofía hiciera su aparición. El catolicismo ha reconocido los valores interiores, los únicos que dotan de grandeza al ser humano. La ley universal del amor y de la caridad ha hecho de todo hombre nuestro prójimo, y sobre ella se apoyan desde entonces las relaciones sociales del mundo cristiano. Toda esta enseñanza y las consecuencias prácticas que de ella se derivan revolucionaron el mundo.

 

 

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El gobierno de España, la concreción de la ilegitimidad.

Los periodistas, aparte de dar información y hacer análisis, también nos ponemos tristes, y tenemos derecho a manifestarlo. ¡Y, ciertamente, yo lo estoy, porque siento que todo está en ebullición, a punto de estallar. Hace un tiempo, no mucho, seis meses quizá, creía que en España nunca viviríamos una situación de desamparo político e institucional como la que estamos sufriendo desde el día fatídico en que Mariano Rajoy se obstinó en no dimitir y condenarnos a esta plaga inmunda peor que cualquiera de las bíblicas. Aunque aquel asalto de Pedro Sánchez a la presidencia fue un golpe, como la moción de censura se decía que era constructiva, con el fin de convocar elecciones, dentro de lo malo, podíamos presagiar tiempos mejores, porque, a decir verdad, con el marianismo –con o sin chantaje villarejil— estábamos en un callejón sin salida y así no podíamos seguir. Pero pronto descubrimos que todo había sido un ardid, y ¡de convocar elecciones, nada!; esa era, entre otras, una de las promesas a los golpistas y filoetarras, a quienes no interesa un adelanto. Veremos a ver si las convocan en 2020. Capaces son de sacarse un decreto de la manga, dado lo aventajados que son en la disciplina bolivariana Chavez/Maduro, que una vez en el trono, no se van ni con agua caliente. En eso sí merecen todos “Cum laude”.

Pedro Sánchez pasará a la historia como "Doctor Fraude".

Pedro Sánchez pasará a la historia como “Doctor Fraude”.

Cuando Podemos irrumpió en el panorama político nacional con sus modales comunistas al estilo cubano/venezolano, con su Iglesias y su Monedero, defendiendo a ETA y pidiendo para España la abolición de la propiedad privada, la eliminación de los medios de comunicación privados y ese populismo vomitivo de amor a las clases más necesitadas, todo ello trufado de ese feminismo irracional de cero en antropología y en sentido común, yo estaba convencida de que en España nunca se podría dar una situación como la de Venezuela. Y razonaba que esto nunca podría ocurrir aquí, porque estamos en Europa y Europa nos protegería del enemigo. En estos momentos no doy un duro por Europa, no porque me haya declarado euroescéptica, no. Es que, a estas alturas, después de este año de golpistas paseándose por la Europa de mi esperanza, viendo el trato de sus tribunales a los nuestros y comprobando lo poco que les puede importar nuestro bienestar o pérdida de libertades, soy una total desencantada. En Europa solo importa nuestro déficit, que cumplamos aunque sea a costa de sacarnos la sangre y confinar nuestras ideas en las jaulas comunistas. ¿Quién es Europa sino un grupo de burócratas y tecnócratas que reniegan de sus orígenes y que viven de lo lindo a cuenta del contribuyente, pactando con los lobistas, leyes, muchas de ellas atentatorias contra los ciudadanos? Europa no hará nada por nosotros, y ni falta que hace si sabemos reaccionar a tiempo y echar a golpe de voto a estos okupas que nos están quitando el sueño y la paz, mientras encuentran la manera de quitarnos la libertad y el pan.

No tengo ni idea cómo puede evolucionar esta situación surrealista que estamos viviendo. El despropósito supera a cualquiera de las versiones de Torrente. Es de no creerse: un presidente que llega como llega, mintiendo y pactando la excarcelación de golpistas, que se lucra de un título de doctor, que obtiene mediante una tesis que varios negros plagian, que ni él ni el tribunal leen, y de la que no quiere ni oír hablar ni dar explicaciones. Un presidente que conforma un gobierno de supuestas estrellas, pero que ninguna tiene luz propia, y sí muchas sombras: un ministro que tuvo que dimitir a los dos días por problemas con Hacienda (Maxim Huerta); una ministra que también tuvo que dimitir porque plagió su trabajo de fin de máster (Montón); otro ministro que crea una empresa pantalla para evadir impuestos (Duque el astronauta); otro ministro, conocido por sus chanchullos económicos, al que acaban de sancionar por hacer uso de información privilegiada (Borrell); otra ministra, que mintió en su declaración de bienes y cada día le descubren una propiedad nueva (Celaá); y, por último –el caso más grave—, una ministra, la de Justicia, puesta a dedo por el juez condenado por prevaricación, Garzón –ponerlo a él era demasiado cante— para presionar a fiscales y jueces en favor de los golpistas. Ministra que, según consta en las cintas de Villarejo, le garantizó al expolicía el éxito asegurado cuando montó el prostíbulo para obtener información “vaginal” y chantajear a los personajes de alto standing que se rendían ante los encantos de las chorbitas. Todo esto ya lo publiqué y lo escribieron otros muchos articulistas, pero conviene tenerlo presente y no olvidarlo. ¡Porque es muy fuerte! ¡Cómo es posible que estemos viviendo esta pesadilla! Nunca creí que en España pudiera ocurrir esto. Vivimos en un estado de ilegitimidad total, de total indefensión. El gobierno y sus socios se han acostumbrado a no comparecer, a no responder a los periodistas, y, si lo hacen, a salirse por los cerros de Úbeda y, sobretodo, a mentir, pero mentir sin disimulo y con prepotencia. Ya casi ni siquiera necesitan a Franco como cortina de humo. Pero nada de esto iría adelante sin la colaboración de la prensa corrupta, es decir, casi toda, excepto honrosas excepciones. No sé hasta qué punto el ciudadano de a pie y votante se está enterando de la realidad, pero lo que está ocurriendo es de vergüenza. Los presupuestos se pactan en la cárcel con los golpistas y se presiona a los jueces para que reduzcan las condenas, mientras se pacta un “plan b” de indultos. Los inmigrantes ilegales continúan saltando la valla y agrediendo a nuestros policías desprotegidos. Vienen a votar a los comunistas y así estos podrán perpetuarse en el poder. Por eso quieren reducir el tiempo para la nacionalización, además, sin examen ni ningún requisito. Está claro que quieren acabar con España. ¿Podremos pararlo a tiempo?

En un vídeo que acabo de recibir, una venezolana del pueblo se dirige a los españoles y alerta sobre esta tropa comunista: “Éramos felices [en Venezuela] y no lo sabíamos. Lo que ganábamos nos llegaba para vivir y para la diversión. Podíamos comprar en el supermercado y pagar el médico. Ahora no tenemos nada, y te matan por decir la verdad”.

A pesar de todo, confío en la gente y en el bien. A todos estos androides comunistas, surgidos del inframundo para acabar con la nación más antigua de Europa y nuestras tradiciones milenarias, hay que lanzarlos a la cloaca inmunda de donde salieron.

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