La justicia alemana y el tufo del nazismo

Vivo en una continua esquizofrenia. Una parte de mí mantiene en alerta los sentidos mientras escucha el cuco, siempre lejano, y el crepitar de los catáfilos en su explosión a la vida. Esa parte de mí contempla puestas de sol con la esperanza de ver el rayo verde, amontona la energía sobre los chacras desvitalizados y galopa por los universos en busca de los registros akásicos de la humanidad. Esa parte de mí, cada vez más dominante, tiene puesto el foco en rincones sin fecha, donde el tiempo y el espacio no cuentan. La otra, la periodística, más útil y real según el pensar del mundo, me obliga a mantenerme en guardia y a expresar opiniones, incluso a abrir el cajón de los rencores y recordar pasados olvidados.nazis cataluña

Me ha ocurrido al conocer la sentencia del tribunal de justicia alemán y las palabras de su ministra sobre el golpista catalán, que colocan a España como un país de tercera, con jueces basura, en el que no existe libertad ni se respetan los derechos humanos. No pude evitar retrotraerme a la Alemania de Hitler y recordar los millones de judíos, gitanos y alemanes no arios que masacraron sin piedad, por considerarlos inferiores. ¡Ellos sí sabían impartir justicia! Porque conviene recordar que en la Alemania nazi se mataba con la ley en la mano, a la luz del día. Y este pueblo, en torno al cual gira Europa, con su euro a imagen y semejanza del marco, estaba de acuerdo con los programas de eugenesia y eutanasia involuntaria para todos los no perfectos. Este pueblo estaba de acuerdo con la limpieza étnica de gitanos, judíos, negros y otros colectivos no aptos para vivir en sociedad. Este pueblo fue cómplice de la muerte de millones de viejos a los que se les dejó morir de frío e inanición. Este pueblo había interiorizado la frase de Rudolf  Hess: “El nazismo es biología aplicada”. Estos crímenes contra la humanidad nunca se saldaron. El proceso de Nurenberg fue una pantomima, en el que fueron condenados y ejecutados unos cuantos, para justificar ante el mundo que se hacía justicia, pero lo cierto es que los profesores que habían defendido el nazismo siguieron en sus puestos de trabajo en las universidades y lo mismo los científicos;  y a los que quisieron embarcar a Estados Unidos, se les dotó de expedientes falsos, cosa que a los estadounidenses les vino muy bien para sumarlos a sus  proyectos, a la vez que impedían que la información científica nazi cayese en poder de los rusos. Pero esta es otra historia de la que ya he escrito.

No obstante, no está de más recordar que los jueces que ahora dan lecciones de justicia a España son los descendientes de los jueces del Tercer Reich; y, por su talante, se ve que se creen en comunicación directa con la Divinidad.

A los nazis les gustaba invadir, expoliar y arrasar; parece que lo llevan en los genes, a pesar de las generaciones. En estos días se plantearon hipótesis varias. No faltan quienes opinan que fue un acuerdo entre Merkel y Rajoy, que no quiere ver a Puigdemont en España, es decir, en la cárcel, porque quiere tener a los separatistas para posibles pactos. Yo me inclino a pensar, y así lo escribí en un artículo anterior, que los que mueven los hilos están muy arriba y llevan mandil, y que lo de Cataluña posiblemente sea un experimento de lo que se planifica para la Europa de un futuro muy próximo.

En cualquier caso, esto que ha ocurrido con la sentencia es una invasión en un terreno que, según los expertos, no les compete, pues echa por tierra la confianza entre los estados de la Comunidad  Europea, uno de sus nexos de unión. No sé cómo acabará esto, pero en lo sucesivo habrá que estar alerta, porque ya han asomado la oreja. Este hecho, por otro lado, nos hace replantearnos la conveniencia –sobre todo moral—de estar en un conglomerado de estados, a donde van los amortizados de los partidos, con una Comisión con poder absoluto, formada por personas que ni elegimos ni conocemos, donde se deciden cuestiones con las que no estamos de acuerdo, o nos perjudican o sirven a los intereses económicos representados por los lobbies, como la moratoria del cancerígeno glifosato; donde se tratan temas tan importantes como el tan traído y llevado –a la vez que injusto— ITTP, aprobado en el mayor de los sigilos sin participación ni debate de nuestros parlamentarios electos, y donde –por si lo anterior fuera poco—la corrupción es al por mayor y donde se derrocha el dinero a manos llenas. Yo me planteo sumarme a la idea de abandonar esta cosa infecta que poco se parece a lo que un día soñaron Schuman, De Gasperi y Adenauer.

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Puigdemont, Cifuentes y Letizia nos traen de cabeza

Al gran tablero de ajedrez parece que el diablo le ha dado cuerda. El mundo se derrumba estrepitosamente. Por alguna razón que se nos escapa, parece que los que dirigen el gran teatro tienen prisa en este sprint de fin de ciclo y no hay tiempo para etapas. No estoy hablando de armagedones, al estilo de los fundamentalistas religiosos, ni de cumplimientos de augurios mayas o hopis que hablan de cataclismos inminentes de agua y fuego para asolar a esta humanidad que se resiste a aprender la lección del vivir con coherencia, tal como se espera de una especie que se autodenomina racional e inteligente y que lleva impresa, además, la chispa divina. Yo no soy agorera, todo lo contrario. Soy optimista y siempre invito a construir paraísos en medio del caos o de la nada. Pero no hay que ser ni visionario ni vidente para ver los cambios que se avecinan, o que se están dando ya. Estamos viviendo un auténtico cataclismo, pero de índole moral. La corrupción se ha enseñoreado de nuestro sistema y no hay nada ajeno a su influencia destructora.

Periodísticamente, no se puede negar que vivimos tiempos muy interesantes. Las noticias se agolpan y se sobreponen. Jugamos con unas cuantas piezas, que vamos colocando aquí y allá, donde mejor encajan, pero cometemos el error de ver la realidad en solo dos dimensiones, ateniéndonos a localismos la mayor parte de las veces. Estamos tan ensimismados en la noticia ocurrida alrededor de nuestro propio ombligo que, con mucha frecuencia, nos olvidamos de mirar qué hay detrás o más arriba. Y si se mira, si hay algo, no se le cuenta al ciudadano, porque hay cosas que no se pueden contar. De eso saben mucho los grandes medios de comunicación, que tapan, tergiversan, mienten y cocinan todo lo que el votante no debe saber. El español de a pie acaba de enterarse de por qué hubo que asesinar a Carrero Blanco, de cómo se pactó el reinado de Juan Carlos I, de todos los robos y corrupciones de la Monarquía, o de por qué se organizó el 23 F. Tanto tiempo odiando a Tejero y llamándole golpista y resulta que fue una víctima del sistema. Y es que, en ciertos temas “sensibles”, las manos ejecutoras no suelen ser visibles, ni siquiera su sombra. Ni por asomo nos imaginábamos que la CIA había tenido tanto que ver en nuestra historia de las últimas décadas.

Hablo de cataclismo moral porque la corrupción lo embarga todo. Las altas cúpulas de la sociedad se han convertido en auténticas mafias, y el ciudadano ya no tiene fe ni en la justicia ni en las instituciones, porque la prevaricación está a la orden del día. Esto es grave y desolador que pone de manifiesto la decadencia previa a la caída. Estos días, el dichoso máster de Cristina Cifuentes vino a desvelar un secreto a voces: que en la universidad también hay corrupción. ¡Vaya novedad! Casos como el de la presidenta madrileña los hay a cientos. Si es cierto que un periodista vale más por lo que calla que por lo que cuenta, quiero hacer honor a ello. No es cuestión de dar nombres, pero conozco un par de casos y sus prebendas correspondientes. En uno de ellos, en concreto, hubo que amañarle un título a toda prisa a un candidato de un partido político. Y si hablamos de funcionarios y de cómo se arreglan las oposiciones, tenemos tema para rato. Es una comedia si no fuera porque muchos opositores sufren esta lacra.

Lo de Cataluña sigue copando titulares. Confieso que sentí rabia, como tantos españoles, por la decisión de la Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein de dejar en libertad a Puigdemont. Ya lo veíamos en la cárcel haciéndole compañía al resto de los golpistas y declarando ante el juez Llarena. Más allá del deseo de justicia, queríamos disfrutar el momentazo que significaba el triunfo del orden y el inicio de unos años entre rejas para el impresentable que lleva una buena temporada tomándonos el pelo y poniendo a España en ridículo con sus andanzas entre flamencos y defensores de terroristas. Lo dábamos por hecho, porque las leyes alemanas contemplan el delito de alta traición, equiparable a la rebelión. Pero, una vez más, tuvimos que tragar con la sinrazón. Algunos creen que fue una afrenta a España. No sé si fue así, pero el hecho me hizo recordar las palabras de María Elvira Roca Barea al hablar de la gran conspiración contra España y la leyenda negra que empezó a fraguarse a partir del cisma de Lutero, apoyado por los príncipes alemanes, y la manipulación de la historia que imprimió para la posteridad que todo lo bueno y lo justo viene del norte, y que los países sureños, los pigs, somos la escoria de Europa. ¡Justo al revés! Ellos eran los bárbaros frente a la civilización milenaria que configuró la cultura occidental. No deja de ser curioso cómo funciona la propaganda masónica, también lo incultos que somos que ni conocemos nuestra historia para poder defenderla, y cómo esas mentiras se siguen transmitiendo hoy.

Lo realmente lamentable respecto a Cataluña es la actitud del Gobierno. Parece que a Rajoy no le preocupa España, ni los sentimientos de los españoles, ni sus policías y guardias civiles, calumniados, perseguidos y heridos. Que hayan dado orden de no publicar las imágenes de las agresiones a las fuerzas del orden, para beneficiar a los golpistas, no es de recibo. ¡Cómo es posible que nuestros gobernantes nos hayan traicionado, haciéndonos pasar la vergüenza y el oprobio de que se nos tilde de bárbaros y de no respetar los derechos humanos!

En otro orden de cosas, los vídeos de Letizia desconozco si se han utilizado como cortina de humo de algo o si se han filtrado por alguna razón. Nunca me gustó la consorte y así lo manifesté desde el principio, pero no por no ser de sangre azul, cosa en la que no creo, sino por su laicismo, su frivolidad, la excesiva preocupación por su físico, los looks y la moda, sus operaciones de estética, sus musculitos, su falta de discreción y su crispación continua. Dicen las malas lenguas que está haciendo de sus monísimas niñas unos monstruitos. ¡Pobres!

Entre esos temas que no cuentan los medios masivos de comunicación se lleva la palma el escándalo del caso Kote Cabezudo, un dentista aficionado a la fotografía, imputado por delitos de estafa, revelación de secretos, amenazas, pornografía infantil, corrupción de menores, injurias y violación. Algunos de estos abusos se han grabado y están colgados en Internet. Tras más de cinco años de juicio y hasta once peticiones de entrada a prisión por parte de los abogados de las víctimas, el personaje sigue en libertad provisional sin fianza. ¡Protegido a cal y canto! Las presiones son muy grandes y el caso no avanza. En vista de ello, el abogado de las víctimas, Mario Díez, se vio obligado a pedir ayuda  a través de las redes sociales y ahora es vox pópuli, gracias también a la colaboración del periodista Melchor Miralles y a Intereconomía TV. Estamos hablando de una trama en la que, supuestamente, estarían implicadas personas de muy alto nivel: “políticos, banqueros, empresarios y jueces”.  Por eso los medios de San Sebastián no publican nada del caso. ¿Por qué las feministas no defienden a estas menores que han sido y están siendo abusadas? ¿Por qué los medios no hablan? ¿Por qué los políticos callan? Se dice que PP y PNV han pactado para que el proceso no vaya adelante. ¿Por qué el resto de políticos permanece en silencio? Los grados de corrupción, de podredumbre y de maldad a los que hemos llegado exceden a lo razonable. El caso es tan realmente grave y asqueroso que, comparado con esto, los  temas de Puigdemont, Letizia y Cifuentes quedan relegados a simples cotilleos. ¡Como suena!

 

 

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ESPAÑA PENDIENTE DE LAS EXIGENCIAS DE LOS MANTEROS. ¡LO QUE HAY QUE OÍR!

“Das la mano y te cogen el brazo”, reza el dicho clásico, al que podemos añadir la vieja expresión popular una y mil veces repetida: “si es que no se puede ser bueno”. No digo que estas frases sean normas aplicables sin más, pero sí las podemos aplicar a lo que está ocurriendo con los inmigrantes ilegales que, a su vez, viven de actividades ilegales, sea tráfico de drogas, venta de películas pirata, marcas falsificadas, radios que no funcionan, y artículos robados. Ninguno de ellos es legal porque para cualquier actividad comercial hay que estar registrado y pagar impuestos. ¡Que se lo pregunten a las emblemáticas castañeras madrileñas! Aunque, a decir verdad, habría que hacer una excepción con ellas, aunque solo fuera por mantener viva la tradición.

Estos días están en el candelero los manteros de Lavapiés. Se murió un senegalés de un infarto –mala suerte—y han quemado el barrio. Ese día fallecieron unos cuantos españoles, seguramente buenos ciudadanos que habían contribuido a levantar el país, algunos también de infarto, pero se han ido en silencio, entre las oraciones de sus familiares y amigos ¿Será que la muerte de los blancos es menos muerte?

Con la ayuda de los comunistas de Podemos han quemado cajeros automáticos y contenedores, han roto escaparates y lunas de coches, han insultado e intimidado a los viejos del barrio y han herido a más de una docena de policías. Antes habían lanzado la calumnia contra nuestra policía, acusándola de haber matado a uno de los suyos, refrendado por la propia Carmena y sus ediles maléficos y amorales, como la inmigrante peruana Rommy Arce, que tras ser acogida y recibir sopita caliente y ropa limpia, se puso a trabajar contra el sistema que la había salvado del hambre, y se unió a las hordas que odian a España. Ahora es concejal y vive de la mamandurria de la política, pero no con dignidad y labor de servicio, sino con la maldad del acomplejado, organizando actos cargados de odio contra España y la Hispanidad. ¡Menudo caballo de Troya! Lo malo es que no sé cómo nos vamos a librar de estos enemigos que vienen a darnos lecciones de democracia. Calumnias, mentiras y odio destilan los tuits de la susodicha y el líder de los de la manta:

“El portavoz del @manteroslateros @ghetto82 en #L6Nvozpensionistas señala a Ley de Extranjería que persigue, acorrala, discrimina y estigmatiza a los manteros. Es la causa de la muerte de #MameMbaye. Exigen el fin del hostigamiento policial”.

“Ayer Lavapiés dio una lección de democracia clamando justicia. Una concentración pacífica rindió homenaje a #MameMbaye y exigió el fin de las políticas migratorias racistas y xenófobas que priva de derechos a las migrantes. No más persecuciones policiales en nuestros barrios!”

.¿Pero qué dice esta iletrada? ¿Nuestros barrios? Habría que decirle que nuestros barrios estaban muy bien antes de que aterrizara en Madrid gente como ella, agitadora, resentida y hambrienta de venganza. ¡Cómo nos gustaría que toda esta gente se fuera con la música a otra parte! Esto no es racismo, ni odio, ni xenofobia. Son ganas de volver a la normalidad.

Como no podía ser de otra manera, el Sindicato Unión de Policías Municipales presentó una querella contra la susodicha Rommy Arce, contra Juan Carlos Monedero –asesor de Chávez y de Maduro—y contra el portavoz del sindicato de manteros. ¡Si es que incluso tienen sindicato! Ignoraba que las actividades ilegales pudieran tener su sindicato legal.

Mientras todo esto ocurre, los manteros envalentonados por todo el apoyo de la izquierda radical, piden que se legalice su actividad. ¡Esto es de locos! Ya de paso, podrían proponer legalizar a los trileros de la bolita, que nos encontramos a diario en la calle Preciados, sacando la pasta a los incautos. Los comunistas de la ultraizquierda, sin ningún proyecto digno que ofrecer, los animan a la rebelión, para sacar tajada. Pero hay que tener en cuenta que Carmena y su tropa de ediles, algunos de ellos imputados, están ahí porque Pedro Sánchez los apoya. Es decir, que la izquierda, digamos moderada, y la ultraizquierda comunista asaltacapillas, que prohíbe procesiones católicas –para no molestar y respetar la “diversidad” y, en cambio, festeja el Ramadán y el Año Nuevo chino, son socias. La clave es que a Sánchez le mola Podemos, por eso anda en esa incomprensible esquizofrenia, y tan pronto se envuelve en una bandera rojigualda tamaño XXL como le entra el ataque de querer cerrar todas las iglesias y activar el sistema Montes para acabar con los viejos. ¿Recuerdan que los mayores entraban en el box y los sedaban para que tuvieran una muerte digna?

El problema que nos ocupa lo tiene Europa entera, pero como los delitos de los inmigrantes –robos, altercados públicos y violaciones a mujeres— son silenciados por las respectivas delegaciones de los gobiernos—para no alarmar—, y solo salen a la luz los que llegan directamente a los medios, denunciados por los vecinos, la sociedad desconoce el alcance de la realidad. El problema es muy serio. Como decíamos, “das la mano y te cogen el pie”, y así nos luce.

Nos estamos suicidando. Hay que dejar de ser buenistas y atreverse a llamar a las cosas por su nombre. Hay que dejar de ser cómplices de los demagogos. Casos como el de Lavapiés son solo la punta del iceberg y perjudican grandemente a los inmigrantes legales que se han integrado y viven honradamente de su trabajo, sin agruparse en mafias y respetando nuestras leyes.

Pero todo esto no estaría ocurriendo sin la complicidad de nuestros líderes políticos. ¡Si no tuviéramos unos gobernantes tan tan irresponsables y tan poco amantes de nuestra historia! Historia con luces y sombras, pero nuestra. Zapatero abrió la espita del disparate y Rajoy se limitó a dejarse llevar por el arrullo de la corriente. Gracias a los dos –y a sus equipos respectivos y seguidores de complacientes—, tenemos a las hordas podemitas imitando a sus predecesores comunistas de los años previos a la Guerra Civil. Miedo da pensar en esto. Porque esta gente, con tal de repetir la historia a ver si esta vez le sale a su favor, volvería a montar las checas y a fusilar.

 

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No es odio, ni xenofobia, sino defensa propia y sentido común

Hay que hablar claro y dejarse de pamplinas y de buenismos tontos. Hay que dejar a un lado la ingeniería verbal y volver a llamar a las cosas por su nombre. Hay que perder el miedo a que nos tilden de esto o de aquello –xenófobos, homófobos, fascistas y carcas—si no aplicamos los eufemismos de su dictadura de pensamiento único a rajatabla. ¡Ya está bien! ¡Basta ya! A la gente de bien no nos cabe una gota más en el vaso. A ver si nuestros políticos –los que quieren el bien de España, si es que hay alguno—se ponen las pilas y se enfrentan a esta izquierda intolerantemente destructiva que empuerca todo lo que toca y odia el bien, lo bueno y lo justo. Esta ultraizquierda, experta en la mentira, la corrupción y la muerte –fusilar se les da divino—. Esta izquierda conectada con el “mal” mundial que permea este ciclo vital, esta edad de hierro que los hindúes denominan Kali-Yuga. Esta izquierda, en fin, que tiene en su punto de mira subvertir los valores y poner en los templos laicistas la cruz invertida. No sé si entiende el guiño.

Ana Julia Quezada, la asesina confesa del niño Gabriel, lo increpaba mientras lo llevaba muerto en el coche.

Ana Julia Quezada, la asesina confesa del niño Gabriel, lo increpaba mientras lo llevaba muerto en el coche.

La prensa y las redes sociales están tomadas por el laicismo radical, que personifica la corrupción de la moral en su espectro más amplio. Lo hemos visto estos días con el asesinato del niño Gabriel, a manos de la concubina de su padre. [Sí, concubina. Reclamen si no a la Real Academia de la Lengua por atreverse a mantener tal definición: “Mujer que convive con un hombre sin estar casados entre sí”. Se apuntan como sinónimos: barragana y mantenida].

Definiciones aparte, la presunta Ana Julia Quezada, a quien han comparado con una mantis religiosa, por su comportamiento con los hombres, es un bien que hay preservar para el museo de los horrores. Como su historial presuntamente delictivo, que además se investiga en estos momentos, es ya público, no voy a entrar en detalles. Solo decir que toda su vida cumple los requisitos para un capítulo de “Casos sin resolver” o de “Mentes perversas”.

Hemos visto la vara de medir que se gasta la izquierda. Al tendencioso periodista Escobar le faltó tiempo para decir que a la presunta se la sentenciaba por ser mujer, inmigrante y de color. ¡Esto sí que es demagogia! Le faltó decir que se la tenían jurada por haber sido prostituta, por su afinidad con los batasunos, por haber participado en los disturbios callejeros de Gamonal y, ¡oh!,  por ser de Podemos o afín. Su declaración no tiene desperdicio: se llevó al niño, tuvieron una discusión, él la agredió y ella se defendió con el hacha; y luego, como estaba muy enfadada, lo asfixió. Claro, no hay que olvidarse que según las palabras de la “genetista” Carmena –lo peor que ha tenido Madrid como alcalde—, “la violencia está incardinada en el ADN de la masculinidad”. Se ve que el pobre Gabriel ya empezaba a manifestarlo. ¡Impresentable!

Pues, a pesar de la presunta alevosía, se pide calma a la sociedad. Estamos de acuerdo. No soy partidaria de los linchamientos públicos ni del ojo por ojo. También estoy en contra de la pena de muerte, aun en los casos más extremos. Ahora bien, defiendo a ultranza la cadena perpetua. Hay seres humanos que por sus acciones han perdido la oportunidad de convivir con sus semejantes y deben ser aislados de por vida. Lo de la pena revisable me parece un recurso tonto del garantismo imperante, de una errónea interpretación de los derechos humanos. En nuestro tiempo, siempre pendientes de lo que pueda decir Estrasburgo, los derechos de los asesinos parecen preocupar más que los de las víctimas. ¡El mundo al revés!

No debe extrañarnos. La izquierda comunista defiende casi siempre al mal, y, por tanto, al asesino, porque le toca más de cerca, y ellos se creen con “licencia para matar”. Recordemos el asesinato a sangre fría de Víctor Laínez por llevar una bandera de España. El radical-okupa-inmigrante-argentino, acogido en Barcelona, le golpeó en la cabeza con una barra de hierro hasta dejarlo inconsciente. No solo nunca pidieron disculpas ni perdón, sino que llegaron a decir que un facha menos.

La izquierda es la maldad en estado puro. Es el brazo ejecutor del mal; por eso le viene la financiación para sus hazañas de muerte y caos de no se sabe bien dónde, ¡aunque sí se sabe! Como por arte de magia, siempre aparece dinero para la lucha contra el bien.

Lo que acaba de ocurrir en el barrio de Lavapiés de Madrid es más de lo mismo. Pero analicemos la incoherencia: asesinan a Gabriel y piden calma, pero muere un mantero de un infarto y nos organizan una revuelta”. Culpar a la policía de la muerte del inmigrante senegalés es el colmo del disparate; aunque hubiera muerto perseguido por la policía, que no es el caso. Si la venta ambulante está prohibida, la policía está para hacer respetar el orden. De ahora en adelante, cuando lleguen en las pateras habrá que hacerles un electro para, dependiendo de cómo esté su corazón, hacerles cumplir la ley o no. No vaya a ser que se estresen, los pobres. Carmena –otra vez este dolor de cabeza—no se conforma con poner una gran pancarta en la fachada del antiguo Palacio de Comunicaciones de Madrid, con la leyenda “Refugees Welcome”, sino que ha escupido que la muerte del susodicho es culpa del Estado “debido al estrés que sufría por no tener papeles”. ¡Solo falta que tengamos que indemnizar a la familia!

Lo que siguió al incidente del vendedor ambulante es de vergüenza, y, como siempre, Podemos fue el gran azuzador de los disturbios. Estos angelitos de las pateras han roto lunas, han incendiado contenedores, han causado múltiples destrozos, se han enfrentado e insultado a ciudadanos del barrio, algunos de ellos ancianos. ¡Pero los derechos humanos de la gente normal no cuentan! Estos inmigrantes senegaleses, a los que con toda propiedad y derecho hay que denominar gentuza, están organizados en bandas que controlan el narcotráfico en la zona y tienen a los vecinos atemorizados. ¡Lo mismo que  en otros barrios de Madrid, como Tetuán! ¡Que se larguen a sus países!  Así como suena. Yo no tengo miedo a las palabras. Yo no tengo miedo a que me acusen de xenófoba. Lo soy respecto a esta gentuza. Soy xenófoba ante el que no respeta las leyes. Soy xenófoba hacia quien ataca a nuestras fuerzas del orden. Soy xenófoba hacia quienes quieren romper nuestra convivencia. Y soy xenófoba ante quien llega a pedir limosna y acaba queriendo imponer sus leyes. Aquí necesitamos a gente trabajadora, no a parásitos que vienen a delinquir, amparándose en nuestras leyes garantistas, al tiempo que se llevan todas las ayudas sociales. ¡Ya está bien! ¡Qué mal lo hemos hecho! ¡Qué mal lo seguimos haciendo todo!

Muchas veces nos preguntamos si estaremos locos, pero no, no lo estamos. Lo que ocurre es que la corrupción moral de nuestros políticos e instituciones se ha solidificado en una especie de losa que nos tiene atrapados. No queda más remedio que buscar desesperadamente una rendija por donde abrir camino hacia otros aires. Es nuestra única salvación. Eso sí, hay que tener mucho cuidado con los falsos líderes salvadores.

 

 

 

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No nacemos víctimas. La gran mentira de la manifestación de las mujeres

La manifestación del día 8 de marzo es mundial y se anuncia como un gran día de fiesta, un gran logro de la mujer, un antes y un después. El tufillo apesta. No tengo nada que ver con esas turbas vociferantes y pancarteras. Conmigo que no cuenten, salvo para posicionarme en contra de la performance feminista, convertida en esperpento. Defiendo a la mujer a ultranza, pero me he hecho experta en detectar manipulaciones, y también en denunciarlas. ¡Y las mujeres, una vez más, están siendo manipuladas y engañadas! Marionetas con forma de mujer escenificarán en las calles del mundo el nuevo rol desprovisto de ternura y vocación de servicio. Es una huelga de “cuidados”. Parece que el día 8 las personas dependientes se tendrán que aguantar todo el día con el pañal puesto, y sin comer.feminazis

Se anuncia a bombo y platillo que se trata de una manifestación transversal: ni de izquierdas ni de derechas, ni de religiosas ni de ateas. Posiblemente sea verdad, no porque sea así en origen, sino porque muchas solo habrán leído el titular del argumentario de la huelga, y ni eso. Por eso me atrevo a decir que gran parte de las mujeres que la van a secundar están completamente engañadas. En realidad es una huelga contra la familia, contra el matrimonio, la fidelidad y los hijos. Es cierto que muchas no lo saben, pero somos adultas y tenemos la obligación de informarnos, sobre todo, en situaciones que requieren responsabilidad y discernimiento.

Digo esto porque, bajo el disfraz de “igualdad de salarios”, “que no nos maltraten” y demás consignas que realmente da vergüenza que aún hoy haya que reivindicar, hay un mensaje menos verbalizado en el que se reivindica la salud reproductiva, eufemismo que engloba el aborto a petición, libre y gratuito, tal como figura en la página 3, párrafo 10 del texto. En la página 9 del redactado leemos: “¿Para qué hacemos la huelga? Para ser dueñas de nuestros cuerpos, nuestros deseos, nuestras decisiones. Para que el Estado garantice, la sociedad respete y la Iglesia no se meta. Para que la educación sea pública, laica y con currículos feministas donde se transversalice la perspectiva de género en todas las disciplinas”. En la página 10, párrafo 4 dice: “Para que las lesbianas, bisexuales y trans, y otras personas disidentes sexuales y/o de género podamos expresar libremente nuestra identidad y sexualidad, teniendo un pleno reconocimiento de nuestros derechos sexuales y reproductivos. Para que se asuman los diferentes modelos diferentes de familia y proyectos de vida que existen. Que se nos facilite el acceso a la reproducción asistida, se despatologice la transexualidad, ofreciendo garantías a quienes queramos hecer un proceso de tránsito y autonomía para construir nuestras identidades y sexualidades”. Esto es como la letra pequeña del contrato.

¿Conocen esto las mujeres que van a manifestarse el día 8? Esto es una manifestación de la extrema izquierda, de los comunistas laicistas anticristianos, del movimiento “queer”, de los “foucaultianos” y de los especímenes del cajón de sastre que aglutina esta ideología totalitaria.

Todo el manifiesto es un disparate que a mí me causa vergüenza ajena. Dibuja a una mujer desprovista de sentimientos, sin empatía, egoísta y hedonista, cuya prioridad es el sexo y su genitalidad. Hay que reconocer que estos progres, tan bien representados en España por Podemos, el PSOE, la facción moderna del PP –que es la que manda— y Ciudadanos, tienen un gravísimo problema con los órganos de más abajo de la cintura, y no me refiero al menisco, que además no es un órgano. Les gustan las exposiciones de “cognos” y todas esas cochinadas propias de gente inmadura y sin clase. Deberían hacérselo mirar.

No tengo el censo de lesbianas, si es que lo hay, pero, por lo que dicen, da la impresión de que son legión. Debe ser un problema de hondo calado cuando Ciudadanos le está reclamando al Gobierno que promocione el lesbianismo mediante una campaña de publicidad, y se cree “un órgano específico de análisis, estudio y propuestas de acción en esta materia: el Observatorio de la mujer lesbiana y bisexual”. Yo alucino.

Dicen que la marcha será mundial. ¿También en los países islámicos? ¿Se manifestarán las mujeres del jiyab y el burka? Llama la atención que estas feministas españolas, tan quejosas de lo discriminadas que se sienten, nunca reivindiquen los derechos de las mujeres musulmanas –que también los tienen—. Jamás las oímos criticar la sharia y son tremendamente comedidas con su léxico cuando hablan de los musulmanes, no vaya a ser que se ofendan. Tampoco las feministas del mundo prestaron apoyo, ni siquiera moral, a las mujeres chinas mientras funcionó el plan de un hijo por familia y a muchas las sacaban de sus casas para llevarlas a los abortorios donde les asesinaban a sus bebés a punto de nacer. ¡Esto son hechos!

En cuanto a los hombres que arriman el hombro para sostener este disparate exagerado y falaz, por ser políticamente correctos, están demostrando que son unos perfectos servidores del sistema, amantes de las dictaduras y que merecen ser víctimas de la nefasta ley de violencia de género, por aquello de que “sarna con gusto no pica”. ¿No se dan cuenta de que estás mujeres son sus enemigas? ¿No se han enterado de que esta ideología feminazi da por sentado que son delincuentes por naturaleza? ¿Cómo no caen en la cuenta de que, al paso que vamos, van a tener que ir con antifaz, porque hasta mirar va a ser acoso? Esto es una pendiente resbaladiza.

Ante el escenario que se avecina, solo puedo sentir pena por estas mujeres, muchas de buena fe, cuya debilidad o falta de información las convierte en peones del sistema para agilizar la concreción de un nuevo modelo de sociedad en la que todos vamos a ser mucho más infelices y conflictivos

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